18/2/10

CASAS COLGADAS DE CUENCA.



También llamada como casa de la Sirena. Es una bella construcción con vigas y balconadas de madera y rejas de la época. Existe una puerta pasando el arco de la antigua puerta de la muralla,  Debe visitarse de día y también de noche, después entra en la disputa si es más atractiva con el sol o iluminada en la noche.
La foto está tomada desde el fondo de la hoz donde discurre el río Húecar. El puente que une ambas orillas del desfiladero, era de piedra, tras su derrumbamiento fue  sustituido por el actual de hierro.
 En la casa de la Sirena vivió la protagonista de una historia  de amor y de injusticia. Esta bella construcción fue regalo del rey Enrique II a su amante raptada y sometida. Catalina, tuvo un hijo con el rey, y el padre decidió arrebatárselo a la madre y llevarlo con el. El amor de madre ante tan cruel acto, la hizo enajenar y se lamentaba a grandes gritos, los lamentos se oyeron muy claro durante mucho tiempo, hoy todavía de escuchan en el silencio de la noche, algunos lo atribuyen a la fuerza del viento al chocar sobre las paredes de piedra y  las hojas de los árboles que crecen junto al río.
 Una noche la perturbada, creyó escuchar en el delirio de su desesperación que su niño Gonzalo Enríquez, la llamaba desde el otro lado del río Huécar, se levantó resuelta corrió hacia los balcones, y desde ellos se lanzó al abismo de la hoz, creyendo era el camino más corto para llegar pronto al lado donde creía estaba su amado hijo. La mujer emitió un grito desgarrador cuando su cuerpo se estrello contra la dura roca del fondo del valle.  La desafortunada Catalina fue empujada a una inmolación involuntaria en desesperado y vano acercamiento a su ilusión robada.
 El espació fue escenario de los conquenses en amores juveniles, donde las parejas buscaban un lugar de encuentro romantico por su belleza, en el que con la excusa de contar las estrellas fugaces, y en complicidad con la soledad  se podia obtener el premio de una caricia. Hoy los jóvenes van al botellón en manada, ya no se escuchan lamentos, más el lugar conserva una agradable y serena magia.
Vete a Cuenca y pasa en este lugar la inolvidable experiencia de estar en tan privilegiado lugar, mejor si tienes con quien observar el cielo.  
Florián.