22/3/11

Cine Club Asociación Amigos Nau Gran día 25 de marzo


Grandes maestros, grandes películas: La sal de la tierra (1954) de H. Biberman. Viernes 25 marzo 17:30. La sal de la tierra (Salth of the Earth). Nacionalidad: Norteamericana, 1954. Dirección: Herbert J. Biberman. Productor: Paul Jarrico. Guión: Michael Wilson. Fotografía: Stanley Meredith y Leonard Stark. Montaje: J. Laird y Ed Spiegel. Música: Sol Kaplan. Intérpretes: Rosaura Revueltas (Esperanza), Juan Chacón (Ramón), Wil Geer (Sheriff), David Wolfe (Barton). Duración: 94 minutos.



El director: Biberman (1900-1971) estudió arte dramático en Yale dedicándose al teatro. En Hollywood comenzó a trabajar en el cine en productoras como Columbia, RKO y Paramount. Escribió diversos guiones tales como El rey del barrio chino, When tommorrow comes, Acción en Arabía…En 1950 dirige su primera película One way ticket a la que siguió el filme negro Meet nero wolf y el alegato contra el nazismo que representa La raza superior. Se casó con la actriz Gale Sondergaard en 1939, un matrimonio que duró a lo largo de toda su vida.


Durante la persecución macartista perteneció a la lista de los diez de Hollywood, llamados así porque fueron encarcelados al negarse a declarar ante el comité de actividades antinorteaméricanas. En el grupo había guionistas de la categoría de Dalton Trumbo (El demonio de las armas, Espartaco, Éxodo, Johnny cogió su fusil…), Albert Maltz (La ciudad desnuda, Flecha rota…) o el director Edward Dmytryk (Encrucijada de odios, El baile de los malditos…), que terminó (éste último) denunciando a sus compañeros como subversivos. Biberman fue denunciado por Budd Schulberg (escritor y guionista de La ley del silencio de Elia Kazan) por pertenecer al partido comunista. Al salir de la cárcel, donde estuvo seis meses, dirigió su filme más celebre, La sal de la tierra que fue financiada gracias a algunos de sus amigos. Una vez terminada la película se estrenó casi a escondidas siendo, a continuación, rápidamente prohibida su exhibición. Años más tarde, en 1965, volvió a proyectarse aunque de forma muy limitada. Actualmente La sal de la Tierra es considerado como "culturalmente significativa" por los Estados Unidos por lo que ha pasado a formar parte de la Biblioteca del Congreso, siendo además seleccionada entre las obras maestras que deben conservarse en el Registro Nacional de Cine. La película también ha pasado a formar parte de los fondos del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Tanto Biberman como los actores que intervinieron en La sal de la tierra fueron vetados para trabajar en la industria de Hollywood. Biberman sólo rodó con posterioridad una película más: Slaves (1969), un filme sobre la esclavitud en la América de 1850. Al no poder seguir haciendo cine tuvo que realizar otra serie de trabajos. El principal consistió en ejercer de agente inmobiliario. El guionista de La sal de la tierra, también fue otro de los integrantes de las listas negras de Hollywood. Se trata de Michael Wilson (Un lugar en el sol, Operación Cicerón, La gran prueba, Lawrence de Arabia, El planeta de los simios…), quién al igual que Dalton Trumbo tuvo que trabajar bajo nombres falsos. Ambos de esa forma ganaron sendos Oscar al mejor guión. Trumbo por El bravo, Wilson por El puente sobre el Río Kwai. También el productor de La sal de la tierra integró las listas negras de Hollywood. Sobre como se realizó el rodaje de esta excelente película de Biberman se hizo en 2000 Punto de mira de Kart Francis donde Jeff Goldblum hacía de Biberman y Angela Molina de Rosaura Revueltas, la protagonista de La sal de la tierra.

La película y sus protagonistas: En junio de 1951 una huelga paralizó el trabajo en una mina de zinc de Nuevo México, Estados Unidos. La compañía que la explotaba, llamada Empire, rechazó toda negociación con los mineros y la huelga se prolongó indefinidamente. Los mineros, organizados en un piquete, se plantaron ante la mina para impedir todo acceso de mano de obra. En sus reivindicaciones pedían seguridad en el trabajo y mejoras sanitarias en las viviendas que alojaban a las familias de los mineros latinos, a quienes la compañía trataba considerablemente peor que a los mineros anglos. Empire llegó a obtener una orden judicial para prohibir el piquete de mineros pero alguien advirtió que el documento no decía nada sobre las esposas de los mineros. Se formaron entonces piquetes con las mujeres y, aunque, tal método, encontró cierta resistencia por parte de los huelguistas, finalmente fue aceptada. La huelga se prolongó así hasta enero de 1952, momento en que la compañía cedió y aceptó reiniciar las negociaciones. La mayor parte de los personajes de la película fueron interpretados por los mineros locales, sus esposas y vecinos de la zona. Entre ellos destaca Juan Chacón, que presidía el sindicato de mineros desde 1950 y había sido uno de los principales responsables de la huelga contra la compañía Empire. Otro personaje real de importancia es Clinton Jencks, el activista anglo que aboga por la unión entre anglos y latinos contra los deseos de la empresa. Tras el rodaje del film, Jencks debió abandonar su trabajo en la mina en 1956, hostigado por la caza de brujas.
El rodaje comenzó el 20 de enero de 1953. En un principio el equipo no tuvo inconvenientes en obtener colaboración de los habitantes del lugar. Las tierras donde se reconstruyó la entrada a la mina fueron facilitadas por un particular, así como el local de un club nocturno que hizo las veces de estudio para rodar los interiores. Un sacerdote local sirvió de nexo con otros comercios de la zona, que proveyeron automóviles, combustible y alimentos a precios reducidos. Los problemas se iniciaron con un artículo publicado por la revista Hollywood Reporter que decía: Los Rojos de Hollywood están filmando una película de propaganda subversiva en Nuevo México. El presidente del Sindicato de Actores alertó del hecho al FBI, al Comité de Investigación de Actividades Anti-Norteamericanas y a la CIA.
Aunque no habían visto nada del material rodado ni tampoco leído el guión, otros medios apoyaron esa denuncia. Parones en el rodaje, rodaje clandestino del material que faltaba condujeron a la terminación del filme. En marzo de 1954 la película se estrenó comercialmente en Estados Unidos, aunque ninguna publicación importante aceptó reproducir anuncios y sólo trece salas en todo el país se atrevieron a exhibirla, desafiando las amenazas lanzadas. Algunos medios de prensa como el New York Times defendió el filme al afirmar ser más pro-humanista que anti-americano. No hace ningún llamado a la revolución sino que reclama el fin de la explotación y de todas las formas de discriminación. Para los críticos franceses Bertrand Tavernier (también realizador) y Jean-Pierre Coursodon uno tiene mala conciencia criticando La sal de la tierra. (...) Esta película es probablemente una de las únicas obras no criticables de la historia del cine: su mayor mérito es el hecho mismo de su existencia.


Sólo trabajaron cinco actores profesionales en el filme. La mayoría de los que participaban en el rodaje (mineros en su gran mayoría) eran de ascendencia mexicana, pero no eran inmigrantes, sus antepasados habían habitado esos lugares. Habían sido los propietarios de las lagunas, los riscos, y de todo lo que pertenecía a la Compañía minera. Una de las profesionales que intervino en el rodaje fue la (simbólica) Esperanza del filme, es decir Rosaura Revueltas (1910-1996). Era actriz de cine y de teatro, bailarina y escritora. En la danza debutó con Carmen. En cine con Pancho Villa vuelve (1949). En teatro en el mismo año trabajó en La desconocida de Arras. En Alemania y en Cuba interpretó El círculo de tiza caucasiano de Bertolt Brecha. En 1954 aceptó ser la Esperanza Quintero del filme de Biberman por cuya interpretación fue premiada por la Academia del Cine de Paris y en el festival Internacional de cine de Karlovy Vary en 1956. Su protagonismo en el filme le costó caro ya que fue, por ello, encarcelada y expulsada de los Estados Unidos siendo vetada para trabajar en cine tanto en Estados Unidos como en México. Publicó dos libros de memorias y, además, fue jurado en festivales de cine tales como Berlín y Barcelona. 


La película fue producida por el Sindicato Internacional de Mineros y Trabajadores de Minas y Fundiciones como explicita el cartel inicial. Se trata, pues, de un film único en la historia del cine, tanto por sus condiciones de realización como por el contexto en el que se filmó e intentó estrenarse. Una película insólita que no sólo habla de huelgas, de condiciones laborales sino también de la dignidad de la mujer cuyas premisas sólo son comparables a las aportadas por los movimientos feministas de más de una década posterior.