6/3/13

SENDERISMO A LA MURTA y LA CASELLA


Como es costumbre salimos de la puerta de la Facultad de Historia a las ocho de la mañana y en muy poco tiempo llegamos a Alcira. No entramos en ella sino que la bordeamos para acceder a la entrada del paraje protegido municipal de La Murta. 



Nada mas bajar y asegurar mochilas y palos entramos en el terreno de el paraje protegido; originalmente fue una zona eremítica y así se mantuvo hasta que lo ocuparon los monjes jerónimos que mantuvieron su ideario solitario y alejado del mundo. Fue con la desamortización del siglo XIX cuando decayó la zona como se ve en los restos de edificios y trabajos de los jerónimos. Un detalle como ejemplo, los jerónimos mantuvieron un antiguo acueducto (ver fotos) que les proporcionaba el agua que bajaba del Cavall Bernat. Posteriormente se canalizó el agua por una tubería metálica que sufrió daños y ha obligado hoy en día a volver al antiguo acueducto.



Buscando el acueducto llegamos al edificio principal del antiguo monasterio y allí rodeando un par de albercas de la época tomamos el primer refrigerio. El paisaje es muy rico en vegetación, aun en invierno y es muy ameno. Un detalle muy interesante es la diferencia contrapuesta entre la solana, puramente mediterránea, y la umbría, que recuerda la laurisilva existente por ejemplo en la Gomera, en las Canarias. Por el camino vimos algunos bebederos para ciervos y restos del paso de estos animales,excrementos, así como ozadas de jabalíes que nos recuerdan la presencia de estos animales (poco dados a manifestarse con 39 personas recorriendo el camino). 


A partir de la llegada a la falda del Cavall Bernat, el camino se hace mas difícil, mas técnico, con menos sombra (y el día era soleado), pero practicable. Una característica de esta excursión es que siendo de dificultad media-alta era muy accesible porque no mantenía la dificultad durante mucho rato. 



Al final llegamos a la cima del Cavall Bernat, con unas vistas maravillosas a la llanura de Alcira por un lado y por otro el mar, Cullera y hasta la Albufera y Valencia. ¡Merecían la pena los esfuerzos he¬chos para llegar allí! 


Después de comer el bocadillo que nos quedaba, iniciamos el descenso y aquí se produjo el único incidente del viaje. A una de nuestras compañeras se le despego la suela de la zapatilla y tuvo que atarla como pudo con una cuerda y bajar más despacio. A la vuelta nos encontramos con algunas construcciones de los monjes (unos cercados de ovejas y otros establecimientos como hornos, etc.) que permiten suponer que su vida era de todo menos desa¬gradable. Una naturaleza amable, agua en abundancia, animales de caza y un silencio que perdíamos al rato al llegar a Valencia. 


En resumen un buen día y una buena excursión con amigos. Gracias por prepararla a Luis y Lucia, los responsables positivos del viaje.