11/5/13

Viaje por tierras castellanas, León y Burgos.


EL CIPRÉS DE SILOS
A Ángel del Río


Enhiesto surtidor de sombra y sueño 
que acongojas el cielo con tu lanza. 
Chorro que a las estrellas casi alcanza 
devanado a sí mismo en loco empeño.


Mástil de soledad, prodigio isleño, 
flecha de fe, saeta de esperanza. 
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, 
peregrina al azar, mi alma sin dueño.


Cuando te vi señero, dulce, firme, 
qué ansiedades sentí de diluirme 
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos, 
ejemplo de delirios verticales, 
mudo ci prés en el fervor de Silos.



 No podría empezar de otra manera la crónica de nuestra excursión de fallas. Nuestra primera parada fue en Santo Domingo de Silos en donde, como no, el poeta Gerardo Diego inmortalizó para las letras el ciprés del claustro. Gerardo Diego poeta y la cuna del castellano unidos por sus versos, la lengua, igual que le ciprés, como lanza y saeta del futuro.

Salimos de Valencia muy temprano. Subimos al autobús y nos preparamos para el viaje de siete días y seis noches por las tierras castellanas. A la altura de Madrid nos acompañó la vista de la nieve incrustada en el paisaje.
En Silos “sacamos nuestro cuerpo de miserias” por primera vez en esas tierras. En un comedor curioso con azulejos muy interesantes; valencianos que somos y cerca de Manises.
En Covarrubias visitamos las sepulturas del fundador de Castilla D. Alvar González y la de su mujer Doña Sancha. Nos impresionó mucho el retablo de Los Reyes Magos. Llegamos a Burgos y nos hospedamos en un hotel muy majo con un nombre muy curioso: “Los Braseros centro”
Visitamos el monasterio de “Las Huelgas Reales” nada que ver con lo que conocemos hoy día del significado de esta palabra. Holgar, en castellano antiguo era sinónimo, entre otras cosas, de no hacer nada y pasarlo bien. En dicho monasterio está depositado el pendón de la batalla de Las Navas de Tolosa. La catedral, joya del gótico, con sus imponentes agujas, es de visita obligada. La capilla del Condestable de Castilla es de obligada contemplación.


La puerta de Santa María y el castillo que domina la colina de detrás de la catedral no ofrece una panorámica de Burgos inigualable como se demuestra con la foto siguiente:






El día siguiente pasamos mucho frio, pero valió la pena, la Visita a Atapuerca, en donde apareció “Miguelón” el más famoso de nuestros ancestros. Sacamos nuestro cuerpo de miserias en un clásico restaurante situado al lado de la catedral. Buenísima olla proclamo.



Por la tarde y, demasiado apretado, visitamos Miraflores y San Pedro de Cardeña, en donde nos sugirieron, por activa y por pasiva que tenían que cerrar a las seis y, en donde se dice, que está enterrado Babieca.



El día siguiente visitamos Sahagún, ciudad con muchas iglesias mozárabes, algunas de ellas de gran belleza. Curiosamente en una no habían cigüeñas y la vecina estaba llena de ellas. Un monasterio masculino,  La Milagrosa, situado en un altonazo, se conectaba por un subterráneo de cuatro quilómetros y medio, con el monasterio de San Pedro de Dueñas, de eso, dueñas. En este último admiramos los capiteles, en especial uno que representa siete monjas, pero no pudimos admirar dos retablos que faltaban vendidos por el ayuntamiento del pueblo a algún anticuario. 


Todo lo contrario de nuestra siguiente visita. Grajal del Campo, en donde el alcalde nos recibió y acompañó. Alcalde que se desvive por su pueblo y reúne el coraje para comprar el palacio para darle al pueblo un atractivo. El campanario de cinco esquinas pero le falta una para tener cuatro. Creo recordar que es el primer caso en que la iglesia tuvo que ceder ante el noble del lugar una esquina.

Llegamos a León y nos hospedamos en un hotel de los más ilustres de la ciudad, céntrico y muy cerca de todas las bellezas que nos regala esta ciudad. Visitamos la catedral, muy diferente a la de Burgos, pero también una joya del románico. Aprendí que esta catedral estuvo en desuso muchos años `por hundimiento del cimborio por querer acoplarle una cúpula barroca. ¡!!Dios mío, dichosos manazas  e iluminados de turno!!!. Magníficas vidrieras de más de 2000 metros cuadrados, únicas y bonitas. Visitamos San Isidoro en donde contemplamos el mausoleo de los reyes y el célebre empujón de una de las entradas. No nos perdimos la obligada visita al Hostal de San Marcos.

El día siguiente lo empleamos para visitar Astorga, cuna de la maragatería, su catedral en donde nos contaron la leyenda de las emparedadas. El palacio Gaudí, que al final no lo acabó el y en donde nunca vivió ningún obispo. Degustamos y adquirimos chocolate, muy bueno. La sorpresa fue conocer uno de los pueblos con un nombre muy curioso: Castrillo de los Polvazares en donde comimos la Olla Maragata. El pueblo está muy bien conservado y el restaurante tenía una exposición de  cuadros curiosa e interesante.



Al día siguiente abandonamos León sin poder asistir a la procesión de San Genarín pero si probando la célebre limonada. A la salida del hotel había 2º de temperatura.
Seguimos hacia Urueña, ciudad de los libros, pequeño pueblo en donde hay seis librerías; está amurallado y tiene unas magníficas vistas. Es la primera villa del libro de España.
Comimos el COCHINILLO en Arévalo y desde allí emprendimos regreso a Valencia en donde a nuestra llegada, a las 10:30 los termómetros marcaban 17.




Magnífico viaje y una extraordinaria guía, gracias Patricia, que nos acompañó y ayudo en algún momentito complicado. He de recordar  que “Castilla, con luz en el horizonte, es infinita". El monte Teleno de 2.188 m. y con una orientación oeste, presidió varios días nuestras  visitas. Este monte en la cultura leonesa es un referente para la observación de la puesta de sol y observación estacional para la observación meteorológica y, con atrevimiento, hacer una predicción, tal y como hacemos en estas tierras valencianas observando otros montes. 

Tomeu Pla 
(Fotos de Guillermo Escalona y Tomeu Pla)