18/11/13

POR TIERRAS GADITANAS


“La razón última de toda travesía es la atracción que genera la línea del horizonte.
Por eso la aventura, en su sentido más desnudo, requiere únicamente un punto de fuga,
resultado de la fricción entre un estado presente y una imagen futura,
y una línea de horizonte, tras la cual se oculte la promesa.”
Rafael Argullol
El cazador de instantes

Como dije al finalizar el viaje, en las palabras de agradecimiento a la Junta de la Asociación y al equipo de personas que se responsabilizaron de la dirección y coordinación del viaje (Adolfo, Patricia y Felipe), éste se podría resumir así: partimos el 22 de octubre con estricta puntualidad, ilusión y muchas expectativas; y regresamos el 27  a hora adecuada, satisfechos por lo vivido y contentos por haber compartido una nueva experiencia enriquecedora.  

El programa sabíamos que era denso y variado; y se desarrolló punto por punto, además de las esperadas sorpresas que nunca faltan; siempre con precisión y normalidad, sin incidencias desagradables; con puntualidad, característica de la casa; y sobretodo, con un ambiente exquisito de cordialidad, de confianza y de colaboración que tanto se agradece cuando se viaja en grupo. Por tanto, de entrada, deseo destacar que el factor humano resultó clave, como otras veces, para que la experiencia fuese positiva. Así, tuvimos la suerte de contar con un buen conductor, Felipe, además de ser persona servicial y amable; con Patricia, guía ya conocida por muchos, quien a su profesionalidad en el ejercicio de su labor para que todo saliese según lo previsto, añadió simpatía y cordialidad; y el amigo Adolfo, alma mater del viaje, quien siempre sorprende derrochando cultura y buenas maneras, enriqueciendo cualquier visita con sus conocimientos de cine, historia, música… cual una enciclopedia viviente; ha sido un trío eficaz y eficiente, lo cual es de agradecer, ya que estuvo a la altura de la belleza de las tierras visitadas.

¿Y l@s viajer@s? De entrada, diré que cada cual era una incógnita para el resto. Hoy puedo escribir de cada persona del grupo lo mismo que en el párrafo anterior, y soy sincero en mi halago.  La cordialidad y la amabilidad han estado presentes en todo momento; y la sencillez, el feeling que se registró desde el inicio y el buen tarannà, que decimos en valenciano. El resultado fue una experiencia viajera entretenida y enriquecedora. Podría decir, en síntesis, que fue cual un grupo de amig@s que tuvieren por costumbre conocer mundo de modo agradable.

Ya sé que alguien estará pensando: Y del viaje, ¿qué dices? No creo necesario describir con detalle lo ya sabido por todos. En todo caso, tampoco deseo ser descortés con quien le place recordar lo que acaeció, y sí cabe destacar que es difícil ver tanto y tan variado en tan pocos días. A mí, el viaje me pareció poliédrico por las diversas caras desde las que se puede evocar; voy, pues, a intentar una apretada síntesis, consciente de los muchos olvidos que voy a tener.

Para mi sorpresa, en ese apretado programa y un día tras otro, fui observando como la Historia (en su recorrido por las diversas épocas, desde la cultura de los primeros pobladores, los iberos, hasta la etapa contemporánea, que nace en las Cortes de Cádiz donde se aprueba la Constitución de 1812, La Pepa, pasando por las referencias a la herencia del mundo árabe o las aportaciones del Medievo) se fue alternando con la Arqueología (ruinas iberas, púnicas y romanas de Cádiz, Écija o Baelo) o la Arquitectura de cualquier ciudad, concretada en sus diversos monumentos (mezquitas, baños, catedrales, iglesias, museos, palacios o castillos) haciendo un todo artístico con la Pintura y la Escultura (en las diversas y ricas obras que en ellos se recogen). Por otro lado, y sin darnos cuenta, a lo largo del viaje, la Música y el Canto se asociaron con el Cine para llenar los traslados de uno a otro lugar. Lo mismo sucedería con el Folclore, al poder asistir a un colorido espectáculo en un tablao flamenco, o presenciar el bello Baile de los Caballos Andaluces (Jerez). Siempre predominó la armonía en el plan de cada jornada, en sintonía con el contraste, como sucedió con la buena Gastronomía, donde se avinieron muy bien las visitas a las Bodegas de Barbadillo y de González Byass-Tío Pepe, con sus célebres y aromáticos vinos (fino, oloroso, amontillado…) con la degustación por libre de la excelente oferta de tapeo (en cualquier ciudad) y el sabroso marisco (Sanlúcar o Puerto de Sta. María).

En otro ámbito, lo ecológico y medioambiental fueron de la mano en lugares puntuales, dando paso a un bello y polícromo paisaje. Ello propició que el hecho de ver/mirar con nuestros ojos deviniera en sensaciones placenteras para el espíritu en el tranquilo discurrir del Buque Real San Fernando en un paseo fluvial; o al contemplar el verde oscuro de los olivares (Écija y Baños de la Encina),  o la cristalina blancura de las salinas (yendo hacia Tarifa). Fue grato apreciar cómo se pasaba del intenso azul del mar de la Bahía de Cádiz al cielo nublado y gris de Tarifa; o de la tibia tarde en Puerto de Sta. María a la noche serena y fresca de Jerez. Se agradecía comprobar la buena imagen de un cuidado parque de Doñana, ejemplo de protección de su flora y fauna, que quedaría grabada en nuestras retinas, como también, por contraste, el colorido de calles, plazuelas y rincones varios de Puerto de Santa María, Vejer de la Frontera, Jerez, Cádiz o Sanlúcar de Barrameda, por citar algunos de los lugares visitados.



Disfrutamos con plácidos paseos (en Doñana, Vejer, Jerez, Puerto de Sta. María, Baelo Claudia) compensados con alguna que otra reparadora siesta (en el buen hotel de Jerez). Recibimos con buen talante la puntual, aunque inesperada, lluvia que apareció por Cádiz o Tarifa, que sería compensada con plácidos baños de sol al recorrer el estuario del Guadalquivir o en el sosiego del poblado púnico-romano de Baelo. Y los madrugones tuvieron su contraste en las salidas nocturnas de los más osados, bien para disfrutar de una rica cena bien para presenciar un buen espectáculo. Hasta se apreció un interesante contrapunto en las explicaciones detalladas y doctas de una guía y en la crítica graciosa y el salero espontáneo de otra; también en las intervenciones del dúo Patricia & Adolfo. A la cordialidad y el buen servicio, tónica de casi todos los restaurantes, no le faltó la excepción de Sanlúcar con un encargado estirado, si no agrio en el trato. Y como no, las jotas de una aragonesa tuvieron su otra cara en el bello canto de un valenciano; o la espontánea actuación de un grupo de andaluces, hombres y mujeres, con sus canciones y algún pase de baile (en la travesía hacia Puerto de Sta. María), se completaría en otro momento con el repertorio de interpretaciones populares por el grupo que rubricaron el regreso en el autobús hacia Valencia. Ni siquiera faltó algún que otro despiste al despedirnos, no obstante los reiterados avisos de Adolfo: bien perdiendo el reloj en la prisa de recoger la maleta, bien confundiendo una caja de vino ajena con un bulto propio, que todo ello también forma parte de la sal y pimienta de un viaje.     




En definitiva, si ahora, en la tranquilidad del propio hogar, uno se decide a recuperar las mil y una imágenes grabadas por la mente o recogidas en nuestras cámaras, podremos apreciar cuántos y cuan diversos fueron los lugares visitados; los gratos momentos vividos compartiendo las sensaciones y sentimientos, con los que también se construye un viaje; y los diálogos y las bromas que hacen hermoso cada instante. Porque en el fondo, viajar es encontrarnos con otras  personas que no conocíamos antes o con los amigos de siempre, y gustar/disfrutar de sus observaciones, de sus comentarios, de sus risas, de sus sugerencias, en ocasiones hasta de sus confidencias, pues con esos sutiles y frágiles materiales se construye la aventura de cada jornada y se nos van abriendo caminos que no conocíamos, o recuperamos juntos las huellas perdidas de otros ya hechos. Viajar se convierte así en el modo de disfrutar las delicias del pensado caos que resulta ser el programa, éste fruto del esmero, la dedicación, el buen gusto y la pasión que ponen quienes lo diseñan. Y aún más, viajar es un modo de crecer y enriquecerse como personas y de lograr experimentar instantes de felicidad con las cosas sencillas.


Termino con la bella idea de M. Yourcenar: “Toda cortesía me conquista”. A mí me conquistó también en este viaje la cortesía de cada un@ de ustedes. Por ello les doy las gracias, y por su amabilidad, sencillez y compañía. Y como cada viajer@ fue y actuó como “uno de los rayos de la rueda”, ésta –el viaje- rodó plácido y feliz, como una buena rueda, por las bellas tierras gaditanas hasta su punto final. Espero encontrarles en el próximo, por Murcia y Cartagena, o en el siguiente por Extremadura. Hasta entonces, disfruten cuanto puedan y sean felices. Con mi cordial saludo.                                                                                                                              

Texto de Ximo Martí
Fotos de Juan Antonio