13/11/15

PEÑAS Y BARRO

Una gran marcha la realizada en busca del acueducto situado entre las poblaciones de Chelva y Calles. Espectacular, inolvidable en un trayecto no complicado pero dónde lo inesperado podía producirse en cualquier momento.

Era difícil superar a la excursión de octubre llevada a cabo por la Sierra de Espadán con las vistas, el tiempo y el buen ánimo de todos los que la hicimos, pero esta marcha la superó con creces.
Salimos y volvimos a Chelva en una ruta circular que pasó por Calles. El destino llegar, aproximadamente a mitad de camino, a Peña Cortada con los impresionantes de los arcos del acueducto allí situados.

Una ruta en la que encontramos gente diversa en su camino como si fuera la ruta (en menos) siempre concurrida del Cares en los Picos de Europa. Bastantes personas y de todas las edades y condiciones: familias, jóvenes, senderistas, mayores…
No es raro suponer que en muchos casos no recorrieran los kilómetros que nosotros hicimos y que quedará en el misterio si fueron unos dieciséis o cerca de diecinueve. Los marcadores de dos compañeros no se pusieron, al final del camino, de acuerdo.

Empezamos en Chelva con la impresionante portada de la Iglesia barroca presidiendo la plaza mayor. Y su torre con el reloj que indica hora, día de la semana y mes. Sorprendió a los excursionistas que no la conocían. Lástima que estuviera cerrada y no pudieran verla por dentro. Los que sí lo hicieron en el viaje de finales de septiembre a Chelva-Ademuz dieron buena de fe de ello.

Después camino adelante con muchas rutas posibles marcadas con el distintivo de GR de pequeño recorrido. Rutas circulares con viaje de ida y vuelta a Chelva poco complicadas pero con algunos, no previstos, problemas debidos a las recientes lluvias. El primero nada más salir del punto de partida marcado con flechas (tanto en esa población como en Calles: Acueducto, Peña Cortada. Tanto da una u otra indicación).


Dejamos a un lado la plaza de toros pasamos cerca de la Torrecilla, una torre vigía de origen islámico. Muy por encima de nosotros el pico del Remedio donde se encuentra la ermita de Nuestra Señora de los Remedios.
Por la senda donde caminamos, en un día soleado pero no, por fortuna, con demasiado calor, pasamos por unos bonitos parajes cuya vegetación aparece dorada por la estación otoñal.
Y después, de la nada, en una oquedad, la gran sorpresa: los enormes arcos del gran acueducto de Peña Cortada colocados allí en un sitio increíble, salvando el Barranco del Gato y con más de 30 m de altura.

Por encima de los arcos, siguiendo lo que fue el acueducto, pasamos de un lado a otro sin dificultad. Siguiendo el camino trazado para la conducción de agua (propiamente el acueducto) atravesamos la peña cortada que da nombre al lugar. 

A medida que nos alejamos podemos contemplar realmente el espectacular y perfecto corte de la roca para propiciar ese traslado del agua. Resulta casi imposible imaginar cómo fue tan perfectamente cortada la roca siglos, muchos siglos, atrás. Todo un espectáculo contemplar esa roca partida de unos 25 de alto y una anchura de 2m.

El camino una vez traspasada Peña Cortada pasa por unos túneles. Ahí tuvo lugar la primera dificultad. El paso de los túneles en su mayor parte tuvo que realizarse siguiendo el acueducto con agua en todos los tramos. En algunos tanta que hubo que hacer equilibrios para pasar evitando que el agua, a pesar de las botas de montaña, nos calase los pies. Hay quien se descalzó o quienes, como nuestro experto guía, optaron por atravesarlos corriendo lo que impedía, en gran parte, que el agua entrase en las botas.

Dejando al fondo el espectáculo de Peña Cortada en bajada nos adentramos en otro tramo impresionante del camino caminando en zig-zag para llegar al pueblo de Calles.
Desde Calles siguiendo el río Tuejar,  por la senda conocida como del agua, nos dirigimos a Chelva. Los campos que cruzamos aparecen anegados del agua debido a las grandes lluvias de comienzo de semana. En los márgenes del río se acumula la maleza y en algunos lugares aparecen árboles desgajados.

Después de comer en un remonte del río continuamos nuestro camino. Al poco tiempo el sendero parece acabarse: no hay continuidad posible pero esa es la senda. ¿Qué ha ocurrido? Gracias a nuestro experto guía Luis pronto se tendrá la respuesta: el agua ha acumulado una enorme cantidad de ramas de todo tipo sobre el paso de un puente de piedra preciso para pasar a la otra parte.


Esa fue la gran odisea del día: quitar, primero, parte de las ramas, en segundo lugar con cuidado trepar por las que quedaban para poder asentarnos en el puente. Algunas fotografías de los senderistas atestiguan el paso. No sólo eso, también, en algún caso, dan la sensación de estar atravesando… una selva.

Sin más problemas llegamos a la… empinada cuesta que conduce a la entrada de Chelva por su barrio morisco. Cansados y satisfechos repusimos fuerzas en los bares de la Plaza Mayor antes de volver al bus con las ganas de volver a acometer próximas rutas.
(Texto A.B. y fotos de Elvira Ramos)