25/11/15

Viaje de confraternización con la asociación senior de Gandia


¡Qué buena es la amistad!
A mediados de octubre realizamos un viaje de confraternización con los compañeros de la asociación hermana de Gandía. Un viaje en el que unos y otros (los asociados de allí y los de acá) festejamos el día con gran alegría: un canto a la amistad.
Al salir nos juntamos en el punto, el de siempre, la puerta de la Facultad de Geografía e Historia, dos autocares de la asociación. Uno iba al inaugural senderismo inicial, dirigido desde este curso, y según nos contaron maravillosamente, por Ricardo Pardo, a la zona de Sacañet, el otro, en el que nos encontramos, iba a Gandía.

Salían con media hora de anticipación, o de retraso, uno sobre otro, pero los madrugadores (eran los más tardíos en salir) senderistas al ver el bus que saldría para Gandia (aún no había llegado el suyo) se aprestaron a subir a éste deseosos de salir para su primera marcha. Se les hizo ver su error. Algún viajero, impaciente por ver cosas, se dio cuenta de algo curioso: estaba apuntado para las dos actividades. Y no podía, claro, dividirse o partirse en dos. 



Rápidos y alegres llegamos a Gandia. Y allí, en la estación de autobuses, donde aparcó nuestro vehículo, estaban esperándonos Marleny, presidenta de la asociación de Gandia, junto a varios miembros de la asociación. No nos dejaron en ningún momento preocupándose de nosotros, de que nos faltase nada. Para empezar nos dieron sendos planos e información sobre la localidad.
Lo primero que hicimos fue ir a su grandioso palacio Ducal. Nos ofrecieron una divertida, fresca e instructiva visita teatralizada. Dos personajes, un hombre y una mujer, a través de varios papeles (distinto duques de Gandia –entre ellos Francisco de Borja-, alguna de sus mujeres, una sirviente) nos condujeron a lo largo del palacio, descubriendo su historia, sus secretos al tiempo que recorríamos las diferentes estancias.



Los que no lo conocían se quedaron asombrados de las últimas aportaciones del ducado a este palacio: inmensos salones lujosamente decorados con cuadros en sus techos o la lujosa galería en contraste con la habitación o la capilla de S. Francisco. 

Al terminar la visita teatralizada pasamos a la capilla donde la coral de la asociación de Gandía nos ofreció un breve, y estupendo, recital. Nadie diría que era su primer concierto público.
Al salir del Palacio Ducal, un grupo se dirigió a la colegiata de Santa María, otros al Museo del Convento de Santa Clara donde pudimos contemplar números obras de artes religioso allí expuestas y que van desde el siglo XV al XVIII

Y de allí a comer. Un sitio muy agradable situado a escasos kilómetros de Gandia. Un antiguo molino del siglo XV que reconvertido en masía ha pasado a ser un restaurante cuidado en sus mínimos detalles. Diferentes salones, jardines convierten el lugar en tranquilo y al que se desea volver. No sólo por la hermosura de su entorno, la tranquilidad del lugar, también por la calidad (y cantidad) de sus platos. Se trata del restaurante Moli Canyars. Allí fue donde nos unimos con un nutrido grupo de los asociados de Gandia. Al terminar la comida su autobús y el nuestro encararon la última visita del día: el monasterio de San Jerónimo de Cotalba propiedad actualmente de la familia Trenor.


El monasterio repleto de historia nos habla del rico pasado de nuestra comunidad. De un lugar que fue el centro espiritual y cultural del Ducado de Gandia. Perteneciente a la orden de los Jerónimos hasta la desamortización de Mendizábal (luego se convirtió entre otras cosas en hospital) por su claustro o pasillos resuenan los ecos de Ausias Mach donde reposan los restos de sus dos esposas o los de Joanot Martorell. No podría faltar en este cuadro Pere Compte a quien se debe tanto las curiosas escaleras del claustro inferior como una de las puertas del claustro superior. 
Una curiosidad, entre otras muchas, del Monasterio es el cuadro de Nicolas Borras, La santa cena, por su planteamiento, digamos, revolucionario.
El tiempo se nos echaba encima y los que teníamos que volver a Valencia aún teníamos que recorrer varios kilómetros para volver. Así que, con pena, tuvimos que dejar el monasterio y a los numerosos amigos y amigas de la asociación hermana de Gandia. Un día excelente en todos los sentidos.
A su junta directiva, a todos los asociados muchas gracias por lo bien que prepararon nuestra visita, por las atenciones que tuvieron con nosotros. Gracias por ello y por su amistad. 

Texto de A.B.  Fotografías de Elvira Ramos.