4/3/16

VIAJE A MORELLA.


         

El sábado día 20 de febreo a las 7.30 de la mañana estábamos preparados para emprender el viaje a Morella y jornada gastronómica. El día era frío pero estábamos seguros que el sol nos iba a acompañar. Después de un trayecto, en el que más de uno descabezó un sueñecito, bajamos del autobús, vimos que los charcos de lluvia estaban congelados pero el sol nos hizo un guiño que nos acompañó durante todo el viaje.

         Entramos en el bar para repostar y entre los bocatas, el vinito y el café tomamos fuerzas; comenzamos con la visita del Santuario de la Mare de Deu de la Vallivana, a 20 km de Morella. La virgen es una talla gótica, de 29 cm de finales del S.XIV y principios del XV. Fue coronada en el sexenio de 1910. La leyenda cuenta que fue traída de Tierra Santa por el Apóstol  Santiago, en realidad fue hallada en un barraco, oculta para que los musulmanes no la destruyeran. Se celebra, desde 1478, una romería el primer sábado del mes de mayo.
         De allí nos dirigimos a La Balma donde se encuentra la capilla de la Virgen que se venera desde el siglo XV. Al llegar contemplamos la Cruz Cubierta con cúpula sostenida por cuatro pechinas con bonitos frescos. El santuario se compone de la gruta, un campanario del S. XVII y la hospedería, de gran importancia histórica, edificada en el S. XVI. Es muy curioso ver los balcones de la fachada. Una larga escalinata nos condujo a la hospedería. En el centro de la cueva vimos el altar de la Virgen, profusamente adornado. En el piso superior se encuentra la llamada Sala de las Danzas. La ermita se construyó en 1667 y la fiesta celebra el 8 de septiembre. Desde allí el panorama es imponente. Elevadas cumbres cubiertas de pinos, en frente el Forcall y al fondo, el tortuoso rio Bergantes.
         El paseo nos abrió el apetito y ya saboreábamos el exquisito menú que nos esperaba.
Llegamos a Morella, entramos por la puerta de San Miguel. La ciudad es un cruce de caminos de gran valor estratégico. Fue conquistada por los cristianos en 1231 y en el 1232 Jaime I entró triunfante en la ciudad. En 1270 pasó a pertenecer al Reino de Valencia. En tiempos medievales eran ricos en una sociedad de gremios de artesanos y comerciantes. Allí se reunieron El Papa Luna, el rey Fernando I y San Vicente Ferrer para terminar con el cisma de occidente. La guerra de secesión y las guerras carlistas también tuvieron importancia.


         Son tantos los monumentos de Morella que es imposible reseñarlos  todos. 











Entre los más importante que vimos se encuentra la Iglesia Arciprestal de Santa María la Mayor, edificio gótico con 2 puertas en la fachada: la de los Apóstoles y la de las Vírgenes. Hay que destacar la escalera de caracol de estuco policromado, El Pórtico de la Gloria, El Juicio Final del altar mayor de estilo churrigueresco, los grandes rosetones y originales vidrieras de la escuela valenciana del S XIV. Merece mención especial el órgano monumental con sus 4000 tubos.
         A 6 km se conservan interesantes pinturas rupestres que esperamos ver en la próxima excursión.
         Disfrutamos de impresionantes paisajes, monumentos espléndidos pero todos estábamos pensando en La suculenta comida que nos esperaba en el restaurante de San Roque, y, desde luego, no nos defraudó: 4 entrantes con trufa, migas de pastor, alcachofas con salsa de trufa, sopa de flan, hojaldre de solomillo, surtido de dulces típicos, vino, café, y pastas típicas. La comida estupenda, el ambiente muy agradable y la sobremesa larga, para reposar un poco la comilona y seguir con la charla.
          Salida a las 6 de la tarde, cargados con nuestros paquetes de dulces tradicionales: els flaons, els pastissets de cabello de ángel, piñonadas, mantecadas y carquinyols. En el trayecto de vuelta, la última sorpresa de Adolfo el western “Cielo amarillo” un clásico con Gregory Peck y Richard Widmark, que estaban guapísimos. ¡Hasta la próxima!

Texto de Mara Paredes, fotos de Mara y Tomeu Pla.