2/7/16

LA PRIMAVERA EN EL VALLE DEL BOÍ.

Cuando escribo estas líneas ha pasado más de un mes desde nuestra visita al Valle del Boí. No he podido hacerlo antes y ahora pienso que es mejor así, porque pongo a prueba la memoria y puedo, a través de los recuerdos, valorar la huella que el viaje ha dejado en la misma.
Fueron cuatro días deliciosos, del 19 al 22 de mayo, en plena primavera, con una gama de colores de la naturaleza rica y variada pintando, para nuestra mirada, un paisaje sobrecogedor por su hermosura, por su enormidad, por su poder para estimular nuestros sentidos. Recuerdo un viaje muy sensual.
Yo formaba parte del grupo de senderismo cultural, de los que nos acercamos a la montaña con modestia, a pasearla sin necesidad de alcanzar grandes alturas ni poner a prueba la resistencia de nuestras piernas, de los que nos definimos más como excursionistas que como montañeros. El valle del Boí ofrece oportunidades para ambos y, desde luego, el grupo de los montañeros disfrutaron lo suyo como he podido leer en otra crónica. Pero los que optamos por la cultura, dirigimos nuestros pasos y miradas hacia las huellas del arte románico existente en la zona, que son muchas y muy ricas.

Grupo senderismo cultural

Taull, a 1.500 metros de altura, es un pueblo primoroso de 270 habitantes. En él se encuentra la Iglesia de Santa María, la primera que vimos y, para mí, la más hermosa. Recuerdo especialmente el momento de pasar desde el exterior circundante soleado y caliente a la fresca penumbra del interior y quedarme, por unos instantes, deslumbrada, por contradictorio que parezca, ante la poderosa sencillez de sus líneas, sobrecogida ante la atmósfera de espiritualidad que emanaba. Comprendí de inmediato que el recinto fue concebido para el recogimiento interior y la oración. Fue construida en el siglo XII y sus muros internos decorados con pinturas murales, hoy en parte conservadas en el Museo de Arte Románico de Cataluña, ubicado en Barcelona. Pero pudimos observarlas, mediante una recreación virtual, con un excelente montaje audiovisual (que denominan video-mapping) y que resultó un placer para los sentidos.

Iglesia Santa María en Taull



Interior iglesia Santa María con las pinturas virtuales (video-mapping)    


En Taull, hay otra iglesia interesante, ésta de los siglos XI-XII, la de Sant Climent. También la vimos, está bien conservada, pero me produjo un impacto menor. Ambas con sus plantas basilicales de tres naves y tres ábsides semicirculares, cubiertas de madera y losas de pizarra. Ambas con sus respectivas torres campanarios, esbeltas, pensadas para favorecer la comunicación entre los pueblos del valle. En los días posteriores visitaríamos también otras iglesias: la de San Juan en Boí, la de Santa Eulalia en Erill La Vall, la de San Felíu en Barruera, todas románicas, de los siglos XI y XII, aunque con transformaciones posteriores, todas con sus torres campanarios y sus pequeños cementerios pegados a ellas, en perfecto uso, manifestando cómo la vida y la muerte se dan la mano con la naturalidad de saberse pertenecientes a un único proceso. Recuerdo la paz instalada en el entorno de las mismas, mi curiosidad por las lápidas más antiguas y más modernas, por los nombres frecuentes del lugar, por el color de la piedra y el rastro de la capacidad artística del ser humano para mostrar los misterios sin respuesta en muros y paredes.

Otro recuerdo grato del viaje fue la visita al Parque Nacional de Aigüestortes, situado en los Pirineos catalanes en la parte central de los municipios del valle del Boí y de Espot. Un parque de más de 40.000 hectáreas, con picos que superan los 3.000 metros de altura, con más de 80 lagos, atravesado por varios afluentes del río Noguera Pallaresa que confluyen en el gran lago de San Mauricio. Acudimos juntos los dos grupos, aunque los montañeros de verdad pronto se alejaron hacia el valle de Sant Nicolau, una marcha de más de cinco horas de la que regresaron felices. Los “culturales” nos lo tomamos con calma. También nos dispersamos y cada cual eligió el camino más atractivo, decisión difícil ante tanta belleza. El día acompañó, espléndido, sacamos fotos, oímos el murmullo sosegado de la naturaleza, observamos la fauna y flora y nos extasiamos respirando la pureza del aire de las montañas. Una mañana inolvidable.

Parque de Aigüestortes

De nuestra visita al Valle de Arán destaco el pueblo de Arties, de tan sólo 500 habitantes empadronados y a 1.144 metros de altitud. Allí se encuentra la iglesia de Santa María, románica, por supuesto, ésta de los siglos XII y XIII. Contemplamos las pinturas murales en el techo del presbiterio, representando el Juicio Final y que algunos comparan con las de El Bosco (no diría yo tanto), dignas de elogio. Pero recuerdo con mayor placer el paseo por el pueblo, de callejuelas con encanto, las explicaciones de la guía sobre la historia, costumbres, lengua, organización política de los araneses, especiales al haber estado aislados (hasta que se inauguró el túnel de Viella) del resto de la península y desarrollar una personalidad propia y afrancesada.

De regreso hacia Valencia, en un día que por momentos nos llovió sin llegar a molestar ni impedir la realización del programa previsto, visitamos otro conjunto románico de singular interés, el de Obarra, en tierras aragonesas, núcleo artístico espiritual y político durante la Edad Media. La Iglesia de Santa María, una maravilla arquitectónica con un interior impactante y grandioso, y las Ermita de San Pedro, forman un conjunto que merecen la máxima atención.

Iglesia y ermita al fondo del conjunto de Obarra


Finalmente, no quiero dejar de destacar las virtudes de la organización. Fue perfecta. Gracias, desde aquí, a los compañeros que lo hicieron posible. Un viaje bien planificado, el hotel en Boí agradable y cómodo, con una relación calidad-precio inmejorable, las guías locales excelentes, comimos bien, el autobús moderno y cómodo lo estrenamos nosotros, el conductor un profesional responsable y simpático, el tiempo acompañó, incluso el último día. ¿Qué más se puede pedir? Repetirlo, el año que viene, en otro paraje tan hermoso e interesante como el Valle del Boi.

María García-Lliberós