4/3/09

SOLIDARIDAD

La Asociación Amigos de la Nau Gran pretende, en sus fines solidarios, dirigir la acción hacia el propio colectivo. Este principio no se opone, ni mucho menos, a que cualquier asociado pertenezca a una ONG o apadrine a un niño de un país necesitado. El asociado, como individuo, puede libremente inscribirse y participar en cualquier entidad, pero la Asociación Amigos de la Nau Gran propone, en sus fines y objetivos, practicar la solidaridad en la misma agrupación.

¿Por qué? Creemos que es muy loable el que una persona se plantee ayudar a los demás, pero si admitimos la realidad incuestionable que nuestro colectivo parte con unas limitaciones y tiende, por la vejez, a la disminución de sus cualidades físicas y mentales, la necesidad de un apoyo parece lógica. Desde este punto vista lo racional sería pensar en nosotros mismos, en cómo podemos ayudarnos. Vamos perdiendo vitalidad y somos más vulnerables, y quizás, después de haber vivido toda una vida, alguno se encuentre solo ante la muerte.

¿Cómo podemos ayudarnos a nosotros mismos? La Asociación no es una ONG, que distribuye en socorros las financiaciones que recibe; ni tampoco una entidad social, que a través de un voluntariado presta ayuda directa; nosotros sólo somos una asociación sin ánimo de lucro que nace al amparo de la Universitat de Valéncia, como apéndice del proyecto Nau Gran, creado para dar cabida en la Universidad a mayores de 55 años. Con esto queremos decir que no vamos a entrar en los cauces ordinarios de asistencia social, ya existen asociaciones dedicadas a estos fines, que aunque limitadas por que viven de la subvención, mejor o peor intentan cubrir las necesidades. Nosotros partimos de dos premisas elementales: La primera nos dice que formamos
parte de un colectivo donde algunos de los componentes de una u otra forma precisan ayuda (al que no le haga falta mejor para él, y nos alegramos por ello); y la segunda que los asociados hemos desarrollado una profesión, tenemos en nuestras manos una bagaje que nos puede valer para afrontar con más claridad los hechos. Sin olvidar, claro está, el soporte de la Universidad en la que estamos inmersos.

Pongamos unos ejemplos. Supongamos que ha pasado un tiempo y está idea de la auto solidaridad hubiera cuajado. Podrían preguntarnos: “Me llamo A.F.G., soy soltera y sin hijos y tengo 80 años. Vivo en un piso propio muy grande en la C/ Colón. La pensión que recibo es corta y no me llega para pasar el mes. No sé donde oí algo de una hipoteca inversa, que los bancos te adelantan una cantidad de dinero mes a mes. Para mí sería la solución de la vejez. Pero mis sobrinos me dicen que venda el piso y reparta el dinero entre ellos, que ellos me cuidarán. Aunque ya no tengo el cerebro tan lúcido como hace años no me fio. ¿Podría la asociación explicarme qué es eso de la hipoteca inversa y ayudarme en el trámite de hacerla en el caso que me interese? Otro ejemplo: Me llamo P.V.R y tengo 88 años. Vivo solo. Mis hijos murieron y los parientes que me quedan son tan lejanos que no nos vemos y ni tratamos. Estoy delicado y barrunto que mi fin está próximo. ¿Podría la asociación asesorarme para tramitar el papeleo y entrar en una residencia?

Muchos son los ejemplos que se podrían agregar. Muchos. Nosotros tenemos la ventaja de que podemos conocer los resortes que mueven esas ayudas y, por otra parte, aprovechar el asesoramiento que nos puede brindar la misma Universidad. ¿Qué hacemos? ¿Nos cruzamos de brazos o abordamos la cuestión? De vosotros depende. En el blog puedes dar tu opinión.
Primero crearemos un equipo de trabajo para que analice esta realidad, y vaya proponiendo ideas que se puedan desarrollar dentro de nuestros medios. Lo importante es arrancar, lo errores los iremos corrigiendo sobre la marcha. Si a ti te interesa participar en ese equipo, comunícamelo.

Que la salud y la suerte os acompañen.

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