22/2/11

FAHRENHEIT,451. Hoy en el CINECLUB de la UDP



Cineclub Unión Democrática de pensionistas en colaboración con la Asociación Amigos de la Nau Gran.
Grandes directores, grandes películas (III): Fahrenheit, 451 de François Truffaut. Martes 22 de febrero 2011. 18 horas en Colegio de Farmacéuticos, C/Conde de Montornés,7
Fahrenheit, 451. Nacionalidad: Inglesa, 1966. Productoras: Anglo Enterprise y Universal International Pictures. Argumento: Novela de Bradbury. Guión y Diálogos: François Truffaut y Jean-Louis Richard. Fotogra­fía: Nicholas Roeg, Música: Bernard Herrmann. Montaje: Tom Noble. Intérpretes: Julie Christie (Linda Montag y Clarisse), Oskar Werner (Montag), Cyril Cusack (Capitán de los bom­beros), Antón Díffring (Fabián). Duración 113 minutos.
El director: François Truffaut:
Nace en París (1932), hijo de un delineante y de una secretaria, que trabaja en la revista La ilustración. Las malas relaciones que mantiene con sus padres le inducen a abandonar el hogar familiar, por lo que es internado en un correccional del que se escapa. A los 14 años dejar los estudios. Se pone a trabajar con la oposición de sus padres. Pasa por diversos empleos (chico de los recados, mozo de almacén, oficinistas, soldador). Para fundar un cineclub quita dinero a su abuelo, por lo que sus padres le en­vían a una institución especializada en niños difíciles, de donde sale gracias al crítico y teórico cinematográfico André Bazin.
Al tiempo que dirige un cine club que celebra sus sesiones en el Cinema Cluny-Palace de París, trabaja, gracias a Bazin, en  la sección cinematográfica de Travail et Culture. En 1950 comienza a escribir artículos de cine. Su primer artículo es sobre el director René Clair. Aparece en el Boletín del Cine-Club del Barrio Latino. Con la ayuda de Bazin, ingresa en la redacción de La Gazette du Cinéma revista que dirigen Eric Rohmer, Jean-Luc Godard y Jacques Rivette. Al año siguiente, 1951, la desesperación por un fra­caso amoroso le lleva a ir voluntario al ejército, de donde se licencia en 1952, con la calificación de de deshonor. Nuevamente gracias a Bazin trabaja en el Servicio Cinematográfico del Ministerio de Agricultura. A los pocos meses se despide por de­savenencias con sus superiores. Bazin, su protector, consigue que colabore en Cahiers du Cinéma y Arts, revistas en las que Truffaut desarrollará una amplia e importante la­bor como crítico. Esporádicamente escribe en Le temps de Paris, Radio-Cinéma-Telévision, Cinémonde. Firma con su nombre o con seudónimos (Robert Lachenay, Louis Chabert)
Obtiene una gran reputación como buen crítico. Ataca el cine francés de qualité, el de directores como Claude Autant-Lara, Jean Delannoy, Julien Duvivier… Du­rante tres años, de 1955 a 1957, trabaja como ayudante de Roberto Rossellini, en la preparación de tres películas que no llegan a reali­zarse. En 1957 junto a Jacques Rivette, Alain Resnais, Alexandre Astruc, Claude Chabrol, Charles Bitsch, Jean-Luc Godard, etc., conci­ben el proyecto de ofrecer a los productores cinematográficos france­ses unos guiones cuyo rodaje cueste la quinta parte de lo habitual. Por lo que cuesta una película ellos realizarían cinco. Con tal motivo Rivette, Chabrol, Bitsch y Truffaut escriben, Les quatre jeudis, que deberá ser interpretado por otro componente del grupo de amigos, Jean-Claude Brialy. Nin­gún productor se interesa por el proyecto. Ese mismo año se casa con Madeleine Morgenstern, hija de un productor y distribuidor de la potente empresa cinematográfica Cocinor. La económia de su mujer le permite fundar la productora Les Films du Carrosse, llamada así por la película de Jean Renoir La carroza de oro.  
Escribe el guión de un cortometraje, La fugue d’Antoine, episodio para un largometraje sobre la infan­cia y la adolescencia. Ese el guión termina transformándose en Les 400 golpes, filme con el que obtiene el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes de 1959, certamen al que no estaba invitado como represalia de la Dirección del Festival, por sus críticas de años anteriores contra el festival vertidas en Cahiers du Cinéma y Arts. El premio de Cannes viene a significar el banderazo de salida de la nouvelle vague movimiento que influye en el cine de todo el mundo.
En 1959 y 1961 nacen sus hijas a las que pone el nombre Laura y Eva como homenaje a las películas Laura y Eva al desnudo. En 1966 viaja a Estados Unidos, donde, durante varias semanas, entrevista a Alfred Hitchcock, conversa­ciones de unas 50 horas, y que serán la base del excelente libro El cine según Hitchcock. En junio de 1979 fue elegido presidente de la Federación Inter­nacional de Cine-Clubs. Única presidencia que aceptó en su vida. La desempeñó durante cuatro años. Falleció en 1984 por un tumor cerebral. José Luis Martínez Montalbán en www.encadenados.org
El escritor: Ray Bradbury
Bradbury (1920) fue desde muy pequeño un gran devorador de libros. No pudo asistir a la Universidad, al no permitírselo la economía familiar. Para ganarse la vida se dedicó a vender periódicos. Su formación, autodidacta, se produjo a través de sus numerosas lecturas. Desde muy joven escribió diversos relatos. Se considera a si mismos como un narrador de cuentos con propósitos morales. Un discutible clima poético recorre gran parte de sus obras adscritas a la ciencia ficción. Entre sus obras (muchas de ellas recopilación de relatos) se encuentran Crónicas marcianas, El hombre ilustrado, Las doradas manzanas al sol, Cuentos de dinosaurios, El vino del estío, La feria de las tinieblas… Sus relatos y novelas han servido de base a multitud de películas (El monstruo de los tiempos remotos, El carnaval de las tinieblas, Fahrenheit 451, Crónicas marcianas, El hombre ilustrado), incluso ha firmado diversos guiones como Moby Dick (1956) de John Huston. Ha ganado diversos premios literarios de ciencia ficción y como dato curioso digamos que existe un asteroide con su apellido mientras que un cráter lunar fue bautizado con el nombre de Dandelion por su libro El vino del estío
La película:
El título y la película están basados en una obra de Ray Bradbury, un autor que a pesas de escribir ciencia-ficción, huye, en sus obras, de lo científico para acercarse a lo lírico. la especie humana lo fascina. Publicó Fahrenheit 451 por entregas nada menos que en Playboy. La novela interesaba a François Truffaut por lo que no dudó en realizarla.
El título de la película (y de la obra original) es explicado por el propio protagonista: forma parte de un organismo oficial llamado Fahrenheit 451 porque ésa es la temperatura a la que arde el papel. Él es un bombero encargado de que arda el papel escrito. Y que aparentemente cumple una labor social: para prender la hoguera se viste al modo de los cirujanos. Pronto el jefe da una perorata en un lenguaje totalmente totalitario, mientras ojea el Mein Kampf de Hitler, diciéndonos que es malo leer, que lo bueno es hacer deporte y ver la televisión, o sea panem et circensis. El futuro (que es el hoy) vive anestesiado y conviene que siga así. De hecho, la esposa del pirómano Montag piensa que un ascenso le permitirá comprar un segundo receptor de televisión para estar conectada todo el día al programa de La familia, una clara relación con Gran Hermano nos lleva a un canal que nos enseña lo que viven unas personas en un determinado instante. .
Y tenemos otra profecía cumplida: una fue la de Aldous Huxley en Un mundo féliz y la clonación, que entonces nos parecía magia y ya está aquí; otra de Orwell y su Gran Hermano; la tercera, Bradbury y Fahrenheit prediciendo un mundo de televisión sin libros. ¿Hará falta recordar las recientes cifras de fracaso escolar? ¿Hará falta recordar que los programas de concursos, televisivos por supuesto, descartan las preguntas de cultura general para sustituirlas por cultura audiovisual para no abochornar a los concursantes? ¿Alguien cree que la moda de los mensajes de móviles en lenguaje –mejor dicho: palabraje– críptico no es perjudicial a estos efectos?
Truffaut toma parte, como es natural, nos retrotrae tanto a la quema de libros en la Edad Media como a la quema de libros por el nazismo. Entre los libros quemados, Truffaut tiene la humorada de hacer varios guiños a la nouvelle vague al ver como arden Zazie dans le metro o varios ejemplares de la revista cinematográfica Cahiers du Cinema, en la que él mismo escribió tantas buenas criticas.
La parte lírica del filme nos distrae a veces con pequeñas bromas como el libro enano que esconde el bebé o el logo de la Organización que recuerda al de una célebre compañía de petróleos, pero no nos deja relajarnos: el tren aéreo que es la vida circula siempre en dirección opuesta al coche de bomberos, los niños de escuela van vestidos como las Juventudes Hitlerianas…
Montag trata de que el público de su alrededor reaccione, por eso intenta leer algo a las amigas de su mujer y ellas se comportan como ante un exhibicionista: primero, no qué horror; segundo, ver pero sólo un poquito... y luego marcharse como ofendidas. La solución final es muy poética, casi tan lírica o bucólica como el final de Encuentros en la tercera fase, con Truffaut de oficiante, pero ahora que ya tenemos el problema encima ¿alguien tiene alguna solución? Help. Patricio Ruiz en www.encadenados.org