26/6/13

Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Hasta el 2 de septiembre.

La exposición dedicada a Salvador Dalí, que los franceses pudieron contemplar hasta el pasado 25 de marzo en el Centre Georges Pompidou de París, y que actualmente acoge el Reina Sofía de Madrid, ha sido galardonada con un premio Globe de Cristal d’Art et Culture, como reconocimiento a la mejor exposición francesa del año 2012.


  La muestra está llamada a ser, también aquí, una de las  más importantes de la temporada y una de las más completas realizadas hasta el momento del genio catalán, con una selección de más de doscientas obras que muestran todas las complejas facetas de un creador con una imaginación desbordante. Se han conseguido préstamos, algunos de los cuales se pueden ver en nuestro país por primera vez,  del MoMA (Nueva York), de donde se trae La persistencia de la memoria (1931); el Philadelphia Museum of Art, que cede Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil) (1936); de la Tate Modern llega Metamorfosis de Narciso (1937) y, de los Musées Royaux des Beaux-Arts de Bélgica, La tentación de San Antonio (1946). Pero lo grande de esta exposición es la aproximación total a un Dalí desconocido por muchos.
Según la comisaria, Montse Aguer, en ella se quiere dar cuenta de cómo este controvertido, prolífico e imaginativo artista, fue capaz de generar un arte perturbador, de ser un agitador de masas y un showman mediático. Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, comentaba como “Aunque posiblemente una de sus mejores obras sea su propia biografía. Ese personaje que creó ha generado mucho ruido, mucha anécdota y por eso queríamos volver al Dalí esencial, al artista que es una figura fundamental en el arte del siglo XX”.

Dada su complejidad, la exposición se ha organizado en once secciones que contienen, además de pinturas y dibujos, material documental, fotografías, manuscritos del propio Dalí, revistas, películas y filmaciones de enorme importancia para entender el complejo universo del artista.
La exposición se inicia con una sección dedicada a las primeras obras de Dalí, en la que predominarán los elementos que marcaron su infancia y el entorno que le rodeó como Autorretrato Cubista (1923), Retrato de mi padre (1925), o Muchacha en la ventana (1925), Penya-Segats (1926) o Paisaje de Cadaqués (1923).


A continuación aparece su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid en la que coincidió, entre otros, con Federico García Lorca y Luis Buñuel, con este último colaboró en la película Un perro andaluz (1929). Obras de esta época son Retrato de Buñuel (1924) o Academia neocubista (1926).

El período surrealista constituye el núcleo de la muestra, haciendo especial hincapié en su método paranoico-crítico que le permite transformar el mundo, con la presencia de grandes obras como El Gran Masturbador (1929), La persistencia de la memoria (1931), Guillermo Tell (1930) o El Espectro del Sex-Appeal (1934).
 A continuación secciones dedicadas a la relectura que el artista hace del Angelus de Millet y al surrealismo después del 36, que contendrá algunos objetos surrealistas, como el conocido White Aphrodisiac Telephone (1936) o Veston aphrodisiaque (1936/77).
Siguen treinta dibujos originales de los que sirvieron para ilustrar el libro La Vida Secreta de Salvador Dalí, en el que se unen el Dalí dibujante y el Dalí literato. A continuación se pasa a los trabajos relacionados con su experiencia en Estados Unidos. Es el momento de los proyectos cinematográficos experimentales y los relacionados con Hollywood. La secuencia del sueño de la película "Spellbound" (Recuerda) de Alfred Hitchcock fue diseñada por Salvador Dalí. En 1945 Walt Disney le encargó la realización de un cortometraje animado de seis minutos de duración titulado Destino, proyecto del que sólo llegaron a rodarse 20 segundos de prueba, pero que en el año 2003 Roy Disney y el productor Baker Bloodworth decidieron sacarlo adelante, partiendo de los bocetos e instrucciones que había dejado el pintor.
Un apartado nos muestra cómo a partir de los años sesenta y hasta el final de su carrera, su fascinación por la ciencia y la tecnología le llevó a explorar nuevos lenguajes como la estereoscopia o la holografía.
A destacar también una sala, “El rostro de la guerra”, dedicada a la representación pictórica del conflicto bélico tanto en España como a nivel mundial.

Manuela García