7/6/14

VIAJE A TALAYUELAS




El miércoles, 21 de mayo, y desde el sitio de costumbre, comienza la excursión a las estepas de Talayuelas. Salimos puntuales a la hora prevista esperando pasar un buen día y deseando que el tiempo acompañe.
Sin ningún problema llegamos a nuestro destino y comenzamos un pequeño paseo, guiado por nuestro compañero José Manuel Talens,  hasta El Cañón también llamado el Canto del  Yeso. 


Es una formación geológica con un magnífico desfiladero de tierra roja y formado por siglos de erosión del viento y del agua; este lugar se llama popularmente  “la plaza de toros” o “el anillo del toro”. Son unas espectaculares vistas panorámicas a sólo cinco kilómetros de Talayuelas. Unos hierros clavados en la tierra nos advierten que no debemos sobrepasarlos ya que es un terreno inestable y podría provocar una rotura con graves consecuencias.



Aprovechamos este estupendo enclave para reponer fuerzas, todos sacamos nuestros bocadillos y entre charla y bromas recargamos la batería. 






Continuamos el camino por una pista forestal y el área recreativa “La Olla” hacia el Mirador, por lo alto de la sierra y por la ladera del pico Ranera. Los miradores son tres: Mirador de la Sierra, El Pulpitejo y El Tormo. 






Nos dirigimos a la Laguna de Talyuelas a la que acuden gran número de aves para invernar; entre otros, la garza, el pato cuchara, el ánade real, el porrón… y especies como la ardilla, la garduña, el tejón o el gato montés. 

Después el autobús nos acercó al Monasterio de la Virgen de Tejeda de los siglos XVI a XVIII con dos interesantes claustros. La leyenda cuenta que un pastor, llamado Juan de Tejo,  encontró la Virgen y en su honor se levantó una sencilla emita; con la llegada de los trinitarios descalzos se edificó la iglesia y el convento. En 1693 con la gran sequía, se llevó la Virgen  por primera vez a Moya. Se decidió que esta romería se haría cada siete años el 16 de septiembre. La Virgen es subida a pie, desde el santuario hasta Moya y allí permanece durante nueve días.
Comemos en el Hotel-Restaurante Moya que nos sorprende con una estupenda comida casera, bien hecha y abundante. 

Luego de comer hacemos una pequeña caminata de 7 k. por el camino de la Cueva de la Virgen durante el que nuestro compañero José Manuel nos ilustra sobre la flora del recorrido. Después de una hora y media damos por terminada  nuestra excursión. Lo hemos pasado tan bien y nos ha gustado tanto que proponemos repetirla en otoño para recoger setas y endrinas.  Comenzamos la vuelta a la ciudad. 
(Texto de Amparo Paredes. Imágenes de Antonio Guillemes y Conxa Ortega)